De la cultura de Carlos III a la tragedia de Guernika pasando por obras pictóricas

Se demuestra una vez más que la actividad turística tiene en la oferta cultural uno de sus más importantes valores, que supone la seguridad de adecuados resultados de aceptación por parte de viajeros nacionales y extranjeros durante cualquier momento y fecha de la temporada turística.

De esta forma, destacamos en esta ocasión diferentes muestras culturales  que complementan otras muchas, que tienen lugar en el territorio nacional al igual que ocurre en otros países que tienen bien ganada fama por sus ofertas turísticas.

En esta ocasión quizás deban destacarse los marcos en que se desarrollan estas citas turístico-culturales, como son museos del nivel del Prado o del Reina Sofía, sin olvidar los recorridos que se llevan a cabo  por Madrid, en sus muchos rincones, que no siempre son adecuadamente conocidos y promocionados.

Y es que queda claro una vez más que la industria turística tiene en la oferta cultural su más preciado bien.

El soberano ilustrado Carlos III

Carlos III era para sus contemporáneos el “Soberano ilustrado” y, como tal, mecenas de las artes, el monarca constituye el referente más indiscutible en la fértil relación que han mantenido la Corona y la Cultura en España durante la Edad Moderna. Su gobierno, además de las grandes obras públicas que promovió, supuso la intervención estatal en aspectos estéticos a una escala amplia y variada. Pero sin duda donde con más claridad se perciben tales innovaciones es en el propio entorno del monarca, en el arte cortesano creado bajo su directo mecenazgo.

Estas obras artísticas, que servían para la vida cotidiana del rey y su familia, estaban pensadas tanto para fines funcionales, como ornamentales y representativos: su calidad, su magnificencia y suntuosidad, su tono cosmopolita constituían toda una declaración de poder. Expresaban no sólo la majestad del rey, sino la de la vasta monarquía simbolizaba en su persona. En sus palacios – tanto el de Madrid como el de los cuatro sitios reales donde la corte pasaba cada estación del año – se expresaba esta alianza entre el poder y la ilustración mediante todas las bellas artes: la pintura con figuras como Giambattista Tiepolo, el ya mencionado Mengs y todos sus discípulos españoles, entre ellos el incipiente genio de Francisco de Goya; las artes decorativas merced a las Reales Fábricas de tapices, de porcelana y piedras duras, de cristales y de relojes, y a los talleres dirigidos por diseñadores como Mattia Gasparini.

Reconocibles aún en los palacios, pero en gran medida dispersas en nuestros días, debido a la misma evolución de la vida cortesana y a los avatares históricos, las obras ornamentales creadas para expresar la magnificencia de Carlos III constituyen uno de los tesoros culturales más deslumbrantes de nuestra Historia Moderna. Así, Patrimonio Nacional plantea en esta exposición una nueva lectura y puesta en valor de esta página esencial en el acervo histórico-artístico español.

Así podemos admirar en esta muestra, los Sitios Reales, donde lucen de forma especial, en sus 30 años de reinado, el Palacio Real de Madrid

Las residencias del soberano son su escenario y a la vez su retrato. Durante sus casi treinta años de reinado, Carlos III cambió sustancialmente el Palacio Real de Madrid y todos los Sitios Rea les, donde gustaba de alojarse y utilizarlos de forma directa, por lo que su paso fue decisivo para todos ellos. Mantuvo el ritmo estacional que ya sus padres seguían en las «jornadas» en los Reales Sitios, pero promovió que en estos se edificasen poblaciones donde quienes siguieran a la corte pudiesen encontrar acomodo.

Le gustaba edificar y entendía la magnificencia en las fábricas y en la decoración de sus palacios como algo inherente a la soberanía; pero sobre todo, le apasionaba la caza y la vida de campo, que deciden salvar de la melancolía que había afectado a su padre y hermanastro; era muy familiar y deseaba que sus servidores estuvieran cómodos. Estos rasgos contribuyen a explicar cuanto hizo en los Reales Sitios y sus palacios.

Junto a otros espléndidos lienzos del veduttista italiano Antonio Joli, se expone por primera vez la Vista del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, recientemente adquirida para las Colecciones Reales del Patrimonio Nacional.

Obras del Museo de Budapest en el Thysen

Una rigurosa selección de 90 obras procedentes de la colección permanente del Museo de Bellas Artes de Budapest y de la Galería Nacional de Hungría puede contemplarse en el museo madrileño desde el 18 de febrero de 2017.

El Museo de Bellas Artes de Budapest, fundado en el siglo XIX, cuenta con extensas colecciones de pintura antigua y moderna, obra sobre papel y escultura. Por su parte la Galería Nacional de Hungría es un museo nacional establecido en 1957, aunque en realidad data de 1802, y está dedicado a obras de arte húngaras. El conjunto que se exhibe en esta ocasión  en Madrid refleja el perfil de los fondos de ambas instituciones a través de pinturas, esculturas y dibujos de grandes artistas como Durero, Rafael, Annibale Carracci, Leonardo da Vinci, Peter Paul Rubens y españoles como Velázquez y Murillo. También incluye una magnífica selección de obras de artistas húngaros de la colección de la Galería Nacional de Hungría como Károly Ferenczy y Sándor Bortnyik.

XX siglos del Coliseo romano

La construcción del Coliseo de Roma supone un atractivo especial, que tiene reconocimiento mundial para todo tipo de viajeros que llegan a la simpar ciudad eterna

El Anfiteatro Flavio, comúnmente llamado Coliseo, es el edificio icónico de Roma por excelencia. Anualmente, centenares de miles de turistas visitan el edificio y sus restos siguen maravillando a la humanidad, a pesar de su estado y de los dos mil años transcurridos desde su construcción. Todo el mundo sabe cual era su función, pues el cine y la literatura han sido generosos en imágenes y explicaciones. Pero cuando se aborda el tema de su construcción el mutismo es mayoritario.

De hecho, la misma historia es exigua en aportaciones que sean capaces de dar luz a cómo se edificó este emblemático monumento. Sólo Suetonio, en el año 121 d.C., nombra en su obra Los Doce Césares la construcción del Anfiteatro Flavio con una única frase “… igualmente, Vespasiano, mandó construir un anfiteatro en medio de la ciudad, según los diseños que había dejado Augusto.” El hecho de que el Coliseo se inaugurara en el año 80 d.C. da gran credibilidad a las palabras de este citado historiador. En cambio en el año 354 d.C una fuente añade que se construyó en sólo cinco años; el tiempo transcurrido – 274 años –  impone interpretar esta información de un modo mucho más cauteloso. Con todo esto queda bien claro que para saber de que manera se construyó el Coliseo es necesaria la ayuda de otras disciplinas científicas. Arqueología, Historia del Arte, Filosofía, Antropología o Arquitectura, son ciencias que, bien combinadas, pueden ayudar a ofrecer una buena imagen la edificación del nombrado monumento. De ahí la austeridad literaria del proceso constructivo: su investigación exige un nivel de detalle y de trabajo extraordinario y una gran generosidad de tiempo.

Tesoros pictóricos en el Museo del Prado

El Museo del Prado, con el patrocinio en exclusiva de la Fundación BBVA, ofrece al público la excepcional oportunidad de disfrutar de más de doscientas obras pertenecientes a Hispanic Society, institución con sede en Nueva York creada para la divulgación y estudio de la cultura española en los Estados Unidos de América.

La Hispanic Society posee la más importante colección de arte hispano fuera de nuestro país, con más de 18.000 piezas que abarcan del Paleolítico al siglo XX, y una biblioteca extraordinaria con más de 250.000 manuscritos y 35.000 libros raros, entre los que se incluyen 250 incunables. Ninguna otra institución en el mundo, incluyendo España, permite por sí sola un recorrido tan completo por nuestra historia, arte y cultura.

Piezas arqueológicas, escultura romana, cerámicas, vidrios, muebles, tejidos, metalistería, arte islámico y medieval, obras del Siglo de Oro, arte colonial y del siglo XIX latinoamericano y pintura hispana de los siglos XIX y XX se muestran en un recorrido cronológico y temático donde la pintura española, con obras tan relevantes como La Duquesa de Alba de Goya o Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares de Velázquez, entabla un fascinante diálogo con las colecciones que ya presenta el Museo del Prado.

La exposición muestra también una importante selección de piezas arqueológicas, entre las que destacan joyas celtibéricas, cuencos campaniformes y un broche de cinturón visigodo. Completa el recorrido una significativa selección de artes decorativas, con piezas de orfebrería renacentista y barroca, cerámica de Manises, Talavera y Alcora, o un delicadísimo Píxide de marfil con monturas de plata dorada. Junto a ellas, curiosas piezas textiles como un Fragmento de la túnica del príncipe Felipe de Castilla y una pieza de seda nazarí.

400 años de la Plaza Mayor de Madrid

Una cita incomparable para quienes se encuentran en la capital de España es la visita turística guiada por la Plaza Mayor con motivo de su IV Centenario de este simpar lugar.

Este recorrido a pie se realiza en español todos los jueves a las 16:00 horas para mostrar la historia y transformación de uno de los grandes ejes sociales y culturales de la capital.

La ruta incluye el acceso a uno de los lugares más singulares de la plaza, el Salón Real de la Casa de la Panadería.

Este que se ofrece en español y de forma gratuita es ideal por su realización que  se desarrolla desde la Plaza Mayor hasta la Plaza de Oriente, poniendo en valor el legado que las dinastías de los Austrias y los Borbones dejaron en la villa. El objetivo es dar a conocer lugares y rincones claves de la ciudad convirtiendo a esta ruta en un paseo por buena parte del Madrid imprescindible.

Un repaso a los orígenes de la Plaza Mayor – escenario de coronaciones, celebraciones religiosas, ajusticiamientos, corridas de toros, mercados o representaciones teatrales – da comienzo a esta ruta, que hace hincapié en uno de sus principales edificios. Se trata de la Casa de la Panadería, reconocida por los frescos de su fachada, obra del pintor Carlos Franco. Los asistentes podrán conocer in situ uno de sus espacios más singulares, el Salón Real, lugar que era de uso exclusivo de la corona que conserva varias pinturas de su decoración original y desde el que podrán contemplar las mejores vistas de la plaza. El paseo continúa por Cava de San Miguel, el Arco de Cuchilleros o la Plaza de la Villa para finalizar en los alrededores del Palacio Real de Madrid.

Se disfruta del denominado “Madrid Monumental”, que es un paseo desde la Plaza Mayor a la Plaza Cánovas del Castillo que permite conocer la transformación de las calles, edificios y costumbres que sufrió la villa y corte madrileña tras la llegada de los Borbones. Fuentes, palacios, jardines y edificios que cambiaron la fisionomía de la ciudad y que hoy se han convertido en algunos de los principales reclamos turísticos de la capital. Es el caso de la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol, el Círculo de Bellas Artes, el Banco de España, la fuente de Cibeles, el Museo del Prado o el Thyssen-Bornemisza.

La ruta “Cervantes y el Barrio de las Letras”  se desarrolla desde la Plaza Mayor hasta el Paseo del Prado. Con un protagonismo especial del Barrio de las Letras, donde se desvela la vinculación con Madrid de uno de los escritores más ilustres de la literatura universal y vecinos de este barrio único en Europa, Miguel de Cervantes.

“Mujeres que han destacado en la Historia de Madrid”, es un itinerario por el centro histórico de la ciudad que pretende mostrar algunos de los lugares más emblemáticos por los que pasaron o desarrollaron su vida mujeres relevantes de nuestra historia. Un recorrido por pleno corazón del Madrid de los Austrias que da a conocer la trayectoria de grandes reinas, religiosas y mujeres del mundo de los gremios, como las botoneras, las cigarreras o lavanderas.

Conmemoración del bombardeo de Gernika

Cuando a principios de 1937 Pablo Picasso (Málaga, España, 1881 – Mougins, Francia, 1973) recibió el encargo de pintar un cuadro para el Pabellón Español, contestó a los delegados de la República que no estaba seguro de poder ofrecerles lo que querían. Hasta entonces, el mundo de su arte había sido fundamentalmente íntimo y personal, estaba limitado por las paredes y las ventanas de un cuarto; casi nunca se había referido a la esfera pública y mucho menos a acontecimientos políticos; desde 1925, su producción se había acercado con frecuencia, claustrofóbicamente, a la pesadilla o la monstruosidad. Sin embargo, el cuadro que acabó creando para la República hablaba con elocuencia de las nuevas realidades bélicas. Y la escena de sufrimiento y desorientación que nos mostró ha perdurado, como emblema de la condición moderna, a lo largo de ocho décadas. Guernika se ha convertido en la escena trágica de nuestra cultura.

¿Existe una continuidad entre Gernica y la visión de la humanidad, extraña y con frecuencia angustiada, que Picasso había desplegado a lo largo de la década anterior? ¿Cómo afectó el característico conjunto de preocupaciones del artista, cuya oscuridad por momentos parece llegar a la desesperación, al cuadro definitivo de mujeres y animales en pleno sufrimiento?

Desde 1937, la imagen de terror del cuadro ha resultado indispensable, puede que incluso catártica, para varias generaciones de todo el mundo. Esta exposición se plantea por qué. Está claro que el tratamiento épico y compasivo de la violencia que vemos en Gernika va más allá de la peligrosa fascinación por ese tema que había caracterizado gran parte de la obra picassiana de finales de los años veinte y principios de los treinta, pero ¿habría sido posible el mural sin esa fijación anterior? ¿No es la violencia, muy a menudo, “fascinante” además de repulsiva? ¿Cómo la representa un artista sin dejarse conquistar? ¿Qué implica (psicológica, estéticamente) dar forma pública al terror?

Formando parte de esta exposición, y como contrapunto histórico a ella, se presenta una selección de los resultados del proyecto de investigación Fondo Documental Gernika, referido al período 1937-1949. El propósito de este proyecto, iniciado en otoño de 2015, es reunir y estudiar la mayor documentación y referencias posibles (correspondencia, fotografías de instalación, documentos gráficos, audiovisuales, artes plásticas) en relación con la obra más emblemática de la Colección. Este fondo documental quiere contribuir a un conocimiento mayor del cuadro: su origen, las exposiciones en las que ha participado, el uso propagandístico que de él se ha hecho  , así como su lugar dentro de la Historia del Arte. También muestra de qué modo Gernika supera su propia fisicidad y, en su reconocimiento, se hace inseparable su valor artístico del político.