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Aracena:  gastronomía, cultura y medio natural

Con paciencia y empeño, la perseverancia infinita de la naturaleza nos ha brindado generosamente un mundo subterráneo fantástico en el que el agua y las rocas han dado forma a un enigmático y sorprendente lugar. Entre punzantes estalactitas y estalagmitas nos descubrimos explorando la Gruta de las Maravillas, estamos ante uno de los reclamos turísticos y naturales más destacados de la original localidad de la provincia de Huelva. Entre punzantes estalactitas y estalagmitas nos descubrimos explorando la Gruta de las Maravillas, en el onubense y apacible pueblo de Aracena.

Hablar de Aracena es hablar del cerdo ibérico, su bandera gastronómica. El corazón de esta cocina tiene a este noble animal como su protagonista indiscutible. Platos de carrilleras, manitas, solomillos, presas o secretos cocinados al estilo serrano son reconocidos tanto dentro como fuera de la localidad. Pero lo más codiciado es su jamón ibérico. Aracena se ubica dentro de la D.O.P. Jabugo, por lo que sus jamones gozan de ese sabor reconocible, de un color y una textura que le convierten en uno de los manjares más buscados. Las dehesas de encinas y alcornoques, donde se cría el cerdo ibérico en libertad, rodean Aracena como un manto. Tal es la devoción por este producto aquí, que su Feria del Jamón se ha convertido en un referente absoluto en el sector de la gastronomía y la restauración.

Los derivados del cerdo ibérico no se quedan atrás. Chorizos, cañas de lomo, salchichones o morcillas han seguido haciendo las delicias de los comensales generación tras generación gracias a un principio muy básico: elaborarlo de manera artesanal, siguiendo tradiciones centenarias. 

 El medio natural tiene en Aracena una incidencia especial en su gastronomía. El clima de la sierra y las condiciones orográficas son idóneas para el cultivo de verduras y hortalizas que no pueden faltar en el recetario de cualquier casa en Aracena. Son muchas las huertas que ofrecen sabrosas berenjenas, pimientos, cebollas, calabacines o calabazas, entre otras delicias naturales. Estos productos son la base para cocinar platos como el gazpacho de invierno, el pisto serrano, el ‘bollo de papas’ o las sopas de tomate. Son estos platos los que crean identidad y los que todo buen aracenense, sin importar donde viva, siempre incluye en su dieta, tal y como lo aprendió de sus mayores, que cocinaban recetas antiguas, elaboradas en pucheros de barro al ritmo marcado por el fuego de leña, mezclando sabores, texturas y productos de extraordinario valor. 

Hay dos productos que también definen perfectamente la cocina de Aracena y su sierra, y que, además, son complementos perfectos para la carne ibérica: son las castañas y las setas. Las primeras, fruto muy abundante en los bosques de la Sierra además de utilizarse en la elaboración de numerosos postres serranos, funciona como acompañamiento idóneo en la cocina del ibérico, ya que su sabor dulce casa muy bien con el cerdo y su textura aporta un contraste que le confiere calidad a estas recetas gastronómicas, ya sea en puré, cocida o confitada en manteca y ajo. 

Por otro lado, las setas crean un binomio sobresaliente con el cerdo ibérico. Es posible encontrar estos hongos durante todo el año en las inmediaciones de la Sierra, aunque el otoño es la época por excelencia. Las tanas, los tentullos, las trompetas o los gurumelos potencian el sabor de una carne jugosa en forma de salsas y purés, o simplemente cocinadas a fuego lento en las cazuelas.  

Para concluir un tour gastronómico por Aracena, los postres caseros que, sí o sí, hay que probar son pestiños, los mantecados y las rosquillas. Las pastelerías de la localidad regalan aromas hipnóticos que pueblan las calles, como en la Confitería Rufino, centenaria y experta en endulzar el viaje de los más golosos con sus flanes y sus yemas. Pero si hay que quedarse con un postre que defina lo que es Aracena, ese es sin duda la poleá o gachas, una elaboración humilde, hecha por pastores, a base de harina de bellota dulce, anís y matalahúva.

De la cultura al medio natural

Deslumbrados por la excursión a un lugar que más bien parece el escenario de una película que una sublime obra de la naturaleza, despacio escalamos para descubrir su estimado entramado urbano, catalogado como Bien de Interés Cultural. De las profundidades pretendemos ascender aún más: recorriendo primero las callejuelas revestidas con su característica blancura andaluza, subimos a descubrir el Castillo, que imponente controla y vigila la hermosa localidad. 

El Castillo de Aracena, muestra sus altas murallas y torres, testimonio impasible de la rica historia de esta región. Nos sorprende descubrir una misa en la Iglesia Prioral del Castillo, Caminamos entre multitud de casas blancas, que se arremolinan sin saber dónde comienza una y terminan las demás, donde la hilera de geranios presidiendo las ventanas nos van conduciendo por sus calles, en las que descubrimos numerosos templos y edificios góticos, barrocos, mudéjares y renacentistas, enmarcados por una hermosa serranía. 

El Cabildo Viejo, del s. XV, es uno de los edificios con más historia de la localidad, donde conocer el rico patrimonio, la artesanía y gastronomía de la localidad; y la hermosa Iglesia renacentista de la Asunción, junto a la mudéjar Iglesia Santa Catalina, que nos conducen al emblemático edificio del Ayuntamiento, que fusiona el estilo mudéjar y el renacentista, obra del prolífico y querido arquitecto Aníbal González. 

Él mismo diseñó también la bella construcción de la Fuente del Concejo, que aprovecha uno de los manantiales de agua de la Gruta de las Maravillas, y si nos desplazamos a la plaza Marqués de Aracena podemos admirar su magnífico Casino Arias Montano, uno de los mejores exponentes de la arquitectura modernista de Andalucía. Continuando por la calle Barberos llegamos a la cosmopolita Gran Vía, donde el arte sale a la calle de mano de las esculturas gracias al Museo de Arte Contemporáneo al Aire Libre. 

Caminando sin prisa entre bosques de castaños centenarios, entre encinas y alcornoques, nos inmiscuimos paso a paso en un níveo paisaje rural e inocente antes de sucumbir a las profundidades de esta bella tierra. Con paciencia y empeño, la perseverancia infinita de la naturaleza nos ha brindado generosamente un mundo subterráneo fantástico en el que el agua y las rocas han dado forma a un enigmático y sorprendente lugar. 

En el entorno de Aracena encontramos un amplio espacio protegido, el Parque Natural ‘Sierra de Aracena y Picos de Aroche’. Los senderos a recorrer en este enclave único pasan entre encinas y alcornoques, a la estrecha vigilancia de búhos reales, buitres negros o nutrias. Caminando, en bicicleta o a caballo nos maravillamos con cada rincón de este extenso parque que además cuenta con un amplio patrimonio arqueológico que descubrir. 

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