60 años de la Comunidad Europea

Hace ahora 60 años que se firmó el Tratado de Roma, dando lugar al nacimiento de la Comunidad Europea. Se trataba de resolver las trágicas consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, que pocos años antes había producido millones de muertos y una enorme miseria en casi toda Europa.

Esa fue la razón principal de la creación de esta institución que trataba de hacer olvidar semejante tragedia y encontrar una nueva Europa – solamente firmaron este Tratado seis países – a fin de incorporar a otras naciones y habitantes del viejo continente, y llegar a olvidar la cruenta guerra evitando su repetición en el futuro.

Se pensaba en una Europa Unida desde el punto de vista de su reconstrucción y la consecución de la unión política, monetaria y económica.

Todo aquello era un sueño, y el tiempo lo ha ido demostrando. Se puede asegurar que la teoría era buena, pero los hechos no han permitido hacerlo posible.

Se ha llegado hace pocos años a la reunión de 28 países – en este momento el Reino Unido se considera fuera de la Unión Europea de la mano del Brexit – y países fundadores y otros añadidos llegaron a formar un bloque de 12 nacionalidades, a las que se unieron otros pocos más, tras la caída de lo que fuera el bloque procedente de la Unión Soviética.

La realidad actual es que existen cuatro claras divisiones entre estos países. Los ricos del norte, con Alemania a la cabeza; los menos ricos y maltratados sureños, donde se localiza España; los procedentes del antiguo bloque soviético y los que son inequívocamente antieuropeos. Solamente quedarían a la espera de acontecimientos, los que aspiran a entrar en tan original institución supranacional, como es el caso de Turquía.

Hasta aquí la teoría. La realidad práctica es otra cosa, como no podía ser menos, tanto por las razones de su origen, como posteriormente por el devenir político de 60 años, así como por las variadas y complejas crisis políticas y económicas que han ocurrido durante tan dilatado espacio de tiempo.

En todo caso, el contrapeso económico creado por la U.E. durante estos 60 años, respecto a otros bloques y poderosos países, como China, Japón o Estados Unidos, ya ha sido un éxito que debe valorarse.

Pero los deseos de unión política de la denominada Unión Europea, no han pasado de pura e idílica fantasía. Solamente se puede hablar de que se ha conseguido la denominada “Europa de los Mercaderes”, pero poco más, salvo algunos éxitos en unificación de algunas leyes y acuerdos sociales e institucionales, junto a una enorme burocracia de bien ganada mala fama.

El resto es como se ha dicho, pura fantasía, dado que las diferencias económicas han sido, y siguen siéndolo, tan enormes, que difícilmente se puede hablar de unidad, ni siquiera de aproximación a conseguir calidad de vida y, mucho menos de mejoras sociales.

Y todo esto ha dado como resultado que diferentes países no compartan el funcionamiento, los métodos y los resultados previstos, lo que supone que se llegue – como ha sido el caso del Reino Unido – a que varios socios de la U.E. planteen la posibilidad de salir de tan especial Club Multinacional, por variadas y complejas razones, que van desde una desaforada xenofobia a la denuncia de las enormes diferencias económicas que se dan entre diferentes países de la Unión Europea.

Así pues, la celebración de los 60 años de existencia de la Unión Europea no parece que puede valorarse como de éxito total, como algunos pensaban, ni de fracaso inevitable, pero si de amplias dudas sobre el futuro y desarrollo de la unión de países muy diferentes en su economía, política y, sobre todo, de sus derechos sociales, que son la gran asignatura pendiente de lo que se fundara ahora hace 60 años.