Hasta siempre compañero

En el recuerdo a Miguel Alberto Martínez Monge

Así fue durante muchos años Miguel para muchos. Fue un compañero especial, porque especial fue su forma de ser y su manera de vivir. Vivir a tope en todo lo que hacía y siempre envuelto en una cierta calma que suponía para el compañero una sorpresa casi continua.

Fue un compañero en multitud de viajes, Desde Marruecos a Egipto, pasando por estancias en Argelia, donde el peligro de una insurrección no estaba lejos y a lo que Miguel, no daba ninguna importancia. Igual que su crítica constructiva o no tanto, en viajes a la acaudalada Europa de Medio Oriente. Todo ello contrastaba con la felicidad de compartir juntos una conversación con Fidel Castro en uno de los muchos viajes a Cuba, donde todo era felicidad, que daba como consecuencia la admiración del turismo cubano.

Fue Miguel, compañero en incalculables citas periodística, donde, además de su pluma era de especial calidad, su cámara, dando vida a cualquier situación. Y es que también en su juventud – siempre con base en Benidorm – fue cameraman de televisión, por lo que dominaba la imagen de manera especial.

En esta Revista de Viajes y Turismo, fue subdirector y manejó de manera maestra, tanto la pluma como la cámara y de ello daba muestra de manera permanente, mostrando por ejemplo, el turismo de las Islas Canarias en todos los muchos viajes que allí hicimos juntos.

Figura especial y de colaboración permanente fue la celebración de nuestros Premios de Viajes y Turismo, donde era anfitrión destacado, sabiendo tratar, lo mismo a un ministro que a un jefe de Estado, pero también a los jóvenes que se iniciaban en el periodismo turístico o al más sesudo personaje.

La música era una afición muy especial de Miguel, y su colección de grabaciones era más que conocida. No tuvo dudas de hacerme una copia de las mejores óperas y zarzuelas, que sirven una vez más para recordarle y valorar su sabiduría musical.

Así es el recuerdo a Miguel Alberto Martínez Monge – un monge con g, decía él con original humor  y disimulando su anticlericalismo, que tantas veces comentábamos en cualquier momento. Por ejemplo junto a una hoguera a la orilla del Mar Rojo, en una noche inolvidable, que terminaba un día agitado de trabajo periodístico, que había tenido su aventura en un pantalán donde casi pierde su adorada cámara Hasselblad, por la potencia del mar..

En el recuerdo se mantendrá así, y con otras muchas  y variadas citas, esa figura, con barba blanca abundante, que le aportó una ganada personalidad, sin olvidar una inquisidora, pero incierta mirada, que no mostraba la posibilidad de saber lo que pensaba y que quizás podría responder en cualquier momento.

Por todo ello y mucho más, el recuerdo de Miguel permanecerá en todos los que tuvimos la suerte y el placer de conocerle y de ser su COMPAÑERO. Hasta siempre Miguel